¿Querés un poco? dispara la amabilidad de Mick Jagger. Niego con la cabeza. Luego abre una ventana del Hotel, se sienta en el sillón de dos cuerpos y cruza sus largas piernas. Lo mejor de ser Rockstar es esto, comenta y sus manos muestran una habitación enorme: hay botellas vacías sobre la cama, toallones y sombreros cuelgan de los percheros, películas y CD's que se confunden con perfumes y monedas y llaves y tarjetas y pañuelos y medias y ropa interior y fotos y pasajes de avión. ¿Qué es lo mejor de ser Rockstar? La primer respuesta no me deja satisfecho. Se toma el mentón: creo que... y hace silencio. Mira por la ventana: fotógrafos y fans se amontonan para ver al líder de los Rolling Stones, que permanece en la habitación 721 del séptimo piso del Hotel Atlantis, en Dubai. Al verlos, se tapa la cabeza con una de las toallas que encuentra en el piso y esconde su cabeza entre las rodillas. Desde esa posición, contesta:
No es literatura a secas, y muchas veces no es periodismo. Se juega con el espacio: leer en la web es complicado y la gente no tolera el contraste de colores. Muy pocos imprimen. Hablamos del nuevo(?) género(?) blog, que definitivamente maneja otro conjunto de reglas que hasta ahora no han sido definidas.
Mal que le pese a algunos, la revolución y la expansión del género traen facilidades que merecen ser destacadas: gracias a blogger y wordpress, por citar dos ejemplos, cualquiera puede acceder de forma muy sencilla y rápida a un sitio web. Esto también genera una situación un tanto caótica: esta explosión, lejos de informar, puede confundir.
La semana pasada hubo elecciones para el Centro de los Estudiantes en la Facultad de Abogacía de la UBA. Este año no era obligatorio ir a votar (el año pasado sí y el que viene también lo será, ya que es un año sí, un año no). Hasta los últimos días de los comicios, tan sólo el 20 por ciento del padrón se había acercado a las urnas para ejercer su derecho civico-académico. Cabe mencionar que la Facultad de Derecho desde siempre fue un claro formador de políticos, y la gran mayoría de los presidentes de nuestro país, fueron abogados. Entonces llama la atención que de todos los estudiantes -eso incluye también a los ingresantes del CBC- uno de cada cinco haya ido a votar. Da cuenta de una crisis partidaria, de una falta de compromiso tanto del estudiante como del que se postula, con una consigna siempre similar a la de su competencia, y siempre tan poco convincente. El argumento es no votar al otro porque es kirchnerista, o el flamante escudo de los Derechos Humanos, que por desgracia, se ha vuelto un lugar común.
Faltan propuestas. La Facultad de Derecho es cuna política y almacén de gente gris. Los estudiantes se repiten, los carteles, las plataformas, las ideologías, todo se repite. Y muchos jóvenes llegan al título sin saber jamás qué fue lo que estudiaron, qué aprendieron: una vez recibido, son varios los egresados que no saben dónde colgar ese papel con la firma de un decano jamás visto. Y esto último también tiene que ver con la política, con la poca preocupación del estudiante y con la falta de compromiso. Lo más triste de todo es que Abogacía, carrera masiva si las hay, no es más que el reflejo o la maqueta a escala de una sociedad que sigue votando sin saber por qué, que no está conforme ni con sus decisiones políticas ni con sus políticos, y que utiliza como remedio de esta fiebre apolítica, la indiferencia.
"Antes de que comiences a grabar, me gustaría que omitieras que soy muy fea en persona". Mi primera reacción fue reír. Marilyn Monroe, madre de todas las femmes fatales, icono sexual, rubia de película y de telones, habla en serio. Por favor, insiste, y entonces esgrime esa ingenuidad que la caracterizó desde sus primeros trabajos en que no era sino una adolescente con más desgracias que esperanzas de progreso. Acepto un pacto ridículo: Marilyn estaba mejor que nunca, de buen humor, e incluso me invitó a pasar al jardín, en el fondo de su casa en el barrio porteño de Villa Luro. "Arthur (Miller) -mi marido- también toma el té con mucho azúcar", afirma y extiende dos tazas. En el jardín, el sol le da en la cara, entonces se coloca unos Ray Ban de grueso marco rojo y baja el toldo de lona para luego sentarse en su reposera turquesa. "Lo que más me gusta de Buenos Aires son estas tardes. Nadie molesta ni pide autógrafos ni llama por teléfono. En Hollywood las cosas no son así", comenta y abre una lata con galletas caseras. "Las hice yo", dice y ofrece. "Hollywood es un lugar maravilloso, pero para ir los fines de semana", cuenta entre aburrida y cansada, y más tarde agrega que "allí todo es menos importante de como lo pintan los productores: hay mucho de publicidad".
Pero...¿por qué Buenos Aires? ¿Por qué no Venecia, Londres, incluso Madrid? "Buenos Aires tiene algo especial. Como te decía antes, las tardes aquí son como en ningún otro lugar", dispara la rubia que coloca en el Winko un LP de Carlos Gardel, y entonces se pone de pie y baila, hace la mímica como si un hombre de verdad guiara sus pasos de dos por cuatro. Marilyn tararea la canción; Marilyn baila muy bien. Mientras ríe, enciendo un cigarrillo: con el movimiento caen los breteles de su vestido blanco y dejan al descubierto la piel blanca de los hombros. La música del Winko despierta a algunos vecinos, que salen a los balcones para verla bailar pero regresan a lo suyo sin demasiada preocupación. Es probable que la gente de Villa Luro aún no se hayan dado cuenta de que quien baila para ellos, en esa función tan íntima y excepcional, es la última mujer del mundo.-
Cuatro Voces, una experiencia cuasiperiodística, periódica, perdida y pérfida, a cargo de Florencia "fotolog" Bonavento, Romina "tecnología" Lascano, Rosario "la buena" Pinedo y Juan Bautista "blogger" Torres López.-